LIBERATE DE TU MÁSCARA

Mujer hermosa, hoy quiero hablarte sobre invertir en ti. Pero para eso debes saber que en muchos casos desde que somos pequeñas, nuestros padres no nos enseñan a crecer de la mano de Dios, no nos enseñan como relacionarnos con Dios como nuestro primer amor. Lamentablemente tenemos que pasar por crisis o pruebas para empezar a buscar de El, sabiendo que El Señor siempre será aquel que tiene el primer lugar en nuestra vida.
Cuando crecemos aprendemos a comportarnos bien, a tener nuestros juguetes, a ir a clases, a comer educadamente, a decir gracias, donada, tener nuestro juguetes arreglados y muchas cosas más. Pero no se nos enseña a sacar el dolor de nuestro corazón, a expresar nuestros sentimientos más profundos, a sacarlos de nuestro corazón enfrentando a quien nos está haciendo algún tipo de daño.
Ya que como somos niños y pre adolescentes piensan que una frase dura de nuestra madre o nuestro padre no puede afectar nuestro corazón y autoestima desde pequeños. En la adolescencia, es tan importante expresarse y no lo hacemos. Como padres, pensamos que nuestros hijos simplemente deben de cumplir las reglas que se les establecen y ya, no nos percatamos de que ellos tambien sienten y que tienen un corazón.
Cuando te casas todo eso pasa a tu matrimonio. Resulta que llevas todas esas heridas que no lograste sanar de pequeña, tanto el hombre como la mujer las lleva al matrimonio, y eso va a pasar indiscutiblemente a menos que se haya tenido una relación con Dios y que se hayan podido sanar esos dolores de la mano de El Señor Jesucristo.
Por lo general todos esos dolores y esas heridas emocionales que no fueron sanadas son llevadas al matrimonio. Cuando uno ya es adulto y empiezan una relación sentimental, comienzan a salir a flote todas esas heridas dentro de una bolsa. A esa bolsa yo le llamo una “bolsa que cargamos hacia el matrimonio“. Esta no es una bolsa normal, esta es realmente una carga espiritual porque el alma está repleta de dolor.
Muchas veces, como mujer, al casarte te das cuenta que tienes un vacío y eso es cuando no hemos tenido a Dios en nuestro corazón. Nos casamos y resulta que invertimos en todo menos en nosotras. Nos vamos a la peluquería y nos compramos de todo. Gastamos en ropa, regalos de navidad o San Valentín, en ponernos bonitas, en un jean y unos zapatos, pero nunca gastamos en nosotras.
Cuando nos hablan de terapia nos asustamos y pensamos que no la necesitamos. Pero la verdad es que si la necesitamos, nuestro corazón está gritando por poder sanar, pero no, nosotras tapamos esos dolores con otras cosas del mundo. Empezamos a salir con amigas o nos dedicamos a trabajar día y noche únicamente para no recordar el dolor que tenemos y enfrentarnos con nosotras mismas y nuestros fantasmas.
Así que es hora de que analices tu vida y pienses ¿Necesito sanar? ¿Necesito realmente sacar todas las emociones que tengo en mi corazón? ¿Estoy siendo tóxica conmigo al no invertir en mí? ¿Me estoy haciendo daño al ocultar todo lo que me duele para no recordar? Es hora de dejarse ver, dejar a un lado la mascara y dejar de ser quien no eres por miedo a mostrar que hay en tu corazón.
Gracias por ser tú,
Marisa Caicedo






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