CUIDEMOS NUESTRAS PALABRAS
Como CREADOR de nuestros matrimonio, Dios nos ha dado armas para luchar; para pelear por nuestro HOGAR. No son armas para pelear uno contra otro, son armas para pelear juntos, por su matrimonio.
Es posible que pienses: “Ah, si tan solo mi esposo quisiera luchar por nuestro matrimonio en lugar de estar peleando conmigo todo el día”.
Aunque solo TÚ sienta el deseo y la necesidad de luchar por el matrimonio en este momento, Dios te dice “Aquí estoy, no te abandono. Tu esposo no está contigo en esto, ¡pero yo si!”. Yo veo estas palabras en toda la Biblia; Dios mostrándose con y a favor de sus hijos, quienes desean seguirle aun cuando duele luchar.
Dios nos da herramientas para restaurar nuestros matrimonios. Ten presente no estamos solas al usar estas armas. Tenemos al Espíritu Santo, quien nos capacita para la obra a la que Dios nos llama, quien nos da nuevas fuerzas y poder para ver a Cristo honrado en nuestra vida y el fruto en nuestro matrimonio e hijos.
Nuestras palabras
“Que su conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona”, Colosenses 4:6.
Muchas veces no logramos entender el poder que tienen las palabras, cuánto tú y yo podemos destruir o construir a nuestro cónyuge con las cosas que le decimos y cómo las decimos. En el libro de Santiago vemos cómo la lengua tiene el poder para destruir, y que si somos sabios podemos refrenar todo nuestro cuerpo si tan solo refrenamos nuestra lengua (cp. Stg. 3).
El Espíritu Santo nos puede guiar y dar el poder para eliminar de nuestra boca esos patrones destructivos con los que nos dirigimos a nuestra pareja. Cuando comenzamos a establecer patrones de comunicación de respeto, puede ser un poco extraño: “Esta no es la manera en la que hablo, nos sentimos raros cuando nos hablamos así”. Pero a medida en que tú y tu cónyuge confían en el Señor y le obedecen, hablándose con amor, gracia, y respeto, ustedes estarán creando patrones que luego se convertirán en maneras naturales de hablar.
CONTINUARA......
DIOS TE BENDIGA
Marisa Caicedo







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